domingo, 8 de febrero de 2015

¿Pueden contribuir los medicamentos antiinflamatorios a elevar la tensión arterial?


Uno de los tipos de  medicamentos más consumidos es el de los antiinflamatorios no esteroideos,  también conocidos por sus siglas: AINE. Son un grupo de fármacos empleados para aliviar muchos tipos de  dolor,como por ejemplo: el provocado por la menstruación, o por un lumbago, una ciática o simplemente un dolor de cabeza. 


Entre los nombres más conocidos de este grupo de medicamentos, se encuentran: Diclofenaco, Ibuprofeno, Aceclofenaco, Naproxeno, Ketorolaco, Meloxicam, Dexketoprofeno, Celecoxib, Etoricoxib....
Se consideran en general seguros, pero pueden tener algunos efectos secundarios importantes, como son: la posibilidad de aparición de molestias de estómago y, en algunos casos úlceras, y la afectación sobre los riñones, así como la elevación de la tensión arterial. En una próxima entrada hablaremos sobre los efectos que pueden tener los antiinflamatorios sobre el funcionamiento renal, pero en en esta ocasión nos centraremos en sus efectos sobre la tensión arterial. 



¿Por qué pueden elevar la tensión arterial estos medicamentos?

Los antiinflamatorios son muy eficaces en el tratamiento de cualquier tipo de dolor. Ello se debe a que actúan impidiendo la liberación de algunas sustancias que intervienen en este proceso, como son las Prostaglandinas y la Ciclooxigenasa. Además, se suma un efecto propiamente antiinflamatorio, con lo que ante, por ejemplo una articulación inflamada, su efecto es de doble beneficio, al bajar la hinchazón y calmar el dolor.



Sin embargo, como siempre sucede en el organismo, toda acción que provoquemos va a tener una consecuencia, y al impedir la producción de esas sustancias que intervienen en el dolor y la inflamación, estamos provocando que los vasos sanguíneos no puedan relajarse adecuadamente, y por tanto, al haber una mayor tensión en la pared de la arterias, le tensión arterial va a subir de manera importante. Además, al verse afectado el riñón, ya que las arterias que lo surten de sangre están parcialmente cerradas, la tensión arterial va a subir aún más, con lo cual el efecto final es que la toma de antiinflamatorios puede provocar elevación de tensión arterial, lógicamente más importante en personas que ya previamente la tenían elevada, y que por tanto la capacidad de las arterias para dilatarse adecuadamente es menor.


¿Hay algún antiinflamatorio que suba la tensión arterial más que otro?

Aunque no está totalmente confirmado, ya que algunos estudios ofrecen resultados discordantes con respecto a otros, podemos señalar unas pautas, donde los de mayor riesgo para la elevación de tensión arterial serían: Etoricixib, Indometacina, Diclofenaco, Rofecoxib, y los más seguros: Naproxeno e Ibuprofeno, aunque aún en estos casos el riesgo de elevación de la tensión arterial estaría presente.

Consejos si se padece hipertensión arterial y se toman antiinflamatorios

Como consejos finales, para las personas con hipertensión arterial y deban tomar antiinflamatorios por cualquier causa:

-    evitar en la medida de lo posible, la toma de antiinflamatorios. Si, por ejemplo, se toman por un dolor, que puede ser calmado pon Paracetamol o Metamizol, será mejor optar por este grupo de medicamentos y evitar los antiinflamatorios
-    en caso de ser imprescindible su toma, hacerlo a la menor dosis y durante el menor tiempo posible. La elevación de tensión arterial es directamente proporcional a la dosis y el tiempo que se tomen estos medicamentos
-    intentar elegir algún antinflamatorio, como Naproxeno o Ibuprofeno, que parecen elevar menos la presión arterial


-    si se están tomando antiinflamatorios junto con algún medicamento antihipertensivo, hacer un seguimiento muy estrecho de los valores de tensión arterial, ya que es bastante probable que se produzca una elevación en dichas cifras que obligue a un incremento en la dosis de hipotensores de manera temporal.  

miércoles, 7 de enero de 2015

Algunas plantas cuyo uso conviene evitar en personas con trasplante renal


En anteriores entradas de este blog ya hemos hablado de los potenciales beneficios y perjuicios que el consumo de algunos plantas puede tener en el funcionamiento de los riñones. Hoy, nos centraremos en las personas que han recibido un trasplante renal, en las que su sistema inmunológico (las defensas que nos protegen frente a las infecciones y que reconocen todo lo extraño al organismo,  como es un riñón procedente de otra persona) debe estar frenado para evitar un rechazo, y consiguientemente la pérdida de funcionamiento del nuevo riñón.


Ello se logra mediante medicamentos muy potentes llamados inmunosupresores, que se encargan de disminuir la actividad del sistema inmunológico. Entre estos fármacos se encuentran, por ejemplo: Azatiporina, Ciclosporina, Tacrolimus, Prednisona, Everolimus, Sirolimus, Micofenolato de Mofetil, Ácido Micofenolico... Pues bien, algunas plantas pueden actuar potenciando o disminuyendo la actividad de estos compuestos y, asimismo, por sí solas pueden aumentar o disminuir la actividad del sistema inmunológico, por lo que habrá que tener mucho cuidado con su empleo.



¿Por qué pueden modificar algunas plantas la actividad de algunos medicamentos inmunosupresores?

Cuando un fármaco es ingerido  por una persona,  después de pasar por el estómago e intestino, entra en  la sangre, dirigiéndose  al hígado. Aquí, tienen lugar  una serie de reacciones químicas que transforman unas moléculas en otras que serán las que se distribuirán por la sangre a todos los lugares de nuestro cuerpo, y producirá los efectos que deseamos al tomar ese medicamento. Dicho de otra manera, si queremos que una persona trasplantada tenga en su sangre unos niveles de Tacrolimus de 6 ng/ml , tendrá que tomar una cantidad determinada de pastilla, pero luego su hígado será el encargado de mediante unas reacciones químicas lograr que en la sangre haya esa cantidad. Por eso, unas personas toman más cantidad y otras menos para lograr el mismo nivel de molécula activa en sangre.

Pues bien, algunas plantas tienen la capacidad de alterar las reacciones químicas de transformación en el hígado, acelerándolas o enlenteciendolas, con lo que los niveles de molécula activa del medicamento inmunosupresor pueden alterarse enormemente, de ahí el peligro que pueden suponer en estas personas

Algunas plantas a evitar en trasplantados renales

Antes de nada, hay que señalar que hay pocos trabajos que hayan estudiado la relación entre plantas y medicamentos inmusopresores. Aquí hablaremos de las más conocidas, pero probablemente existan muchas más, aunque no existen referencias de ellas:

-    Alfalfa . Al parecer el consumo de esta planta, activa directamente el sistema inmune, por lo que tiene efectos contrarios al de los medicamentos inmunosupresores. Existe un caso descrito de una persona que presentó un rechazo agudo de riñón trasplantado asociado a la toma de esta planta.



-  Hipérico. Una de los casos más estudiados de interacción plantas- medicamentos inmunosupresores. De hecho en uno de los libros más completos sobre fitoterapia, como es: La Biblia de las Plantas Medicinales escrito por Helen Farmer Knowles, se recomienda en caso de consumir cualquier  medicamento consultar siempre al médico antes de tomar Hipérico, debido a sus múltiples interacciones . Pues bien, esta planta se ha empleado como antinflamatorios en crema de masajes, y para el tratamiento del herpes, con bastante eficacia, pero al metabolizarse en el hígado altera de forma importante los niveles del inmusopresor Ciclosporina, por lo que está totalmente contraindicado su uso en trasplantados renales que tomen esta medicación. Además, es bastante probable que también altere los niveles de otros fármacos como son Tacrolimus y Everolimus, por lo que se desaconseja totalmente su uso en cualquier persona con un órgano trasplantado.


-    Hierba del clavo, existe un caso descrito de una persona  trasplantada renal cuyas concentraciones de Ciclosporina se incrementaron notablemente tras el consumo de esta hierba y se normalizaron tras su suspensión, por lo que su utilización está contraindicada.
-   Regaliz. Ya hemos hablado de esta planta en una entrada previa  por sus efectos para producir hipertensión arterial. Además, podría potenciar la actividad de los corticoides que se emplean para prevenir el rechazo en el trasplante renal, por lo que mejor evitar su uso en estos casos.



-    Naranja amarga. A pesar de sus innumerables beneficios, como son el ser fuente importante de vitamina C, la variedad amarga de la naranja puede actuar modificando los niveles de medicamentos inmunosupresores, recomendando no consumirla en situaciones de trasplante. 

 Otras plantas que también conviene evitar en trasplante renal.                                                  

  Si bien, las plantas que hemos citado anteriormente son las más desaconsejadas en trasplantados renales, hay otras que citamos a continuación para las que existen dudas sobre su seguridad, por lo que en general deberían evitarse. No hay estudios claros sobre efectos negativos en humanos, pero las pruebas realizadas en laboratorio, sugieren no consumirlas. Entre ellas se encuentran:
-   Ajo (en forma de concentrados).
-   Equinácea.
-  Ginseng (muy empleado en la medicina tradicional China para estimular el sistema inmunológico, protegiendo de infecciones, pero con posibles efectos negativos en trasplantados renales).



-   Ginkgo.
-  Uña de gato, al actuar probablemente alterando las concentraciones en plasma de medicamentos inmunosupresores.
Dado que probablemente la lista de plantas con posibles efectos sobre el funcionamiento de un trasplante renal es mucho más amplia, como consejo general, siempre consultar con su médico antes de consumir  cualquier planta, aunque sea en aplicación de crema, ya que siempre se absorberá una cierta cantidad y, en caso de duda, abstenerse de su empleo.    

sábado, 27 de diciembre de 2014

Cuidar los riñones también en Navidad



Ahora que nos encontramos en plena vorágine navideña, todos en mayor o menor medida cambiamos nuestros hábitos de alimentación. Productos que no comemos durante el resto del año, los consumimos ahora, las cenas de Nochevieja y Nochebuena suelen ser más copiosas de lo habitual, así como las comidas de los días 25 de diciembre y 1 de Enero. Entre medias solemos  tener fiestas o celebraciones con amigos, compañeros de trabajo... Una vez pasadas estas fechas, muchos de nosotros habremos ganado algún kilo de más, pero, en el caso de las personas con enfermedad renal, ¿deben tener algún tipo de precaución adicional debido a su situación? A continuación, daremos algunos consejos para estos días de fiesta



Algunos consejos en diálisis

Las personas con insuficiencia renal crónica en diálisis, son las que más restricciones tienen en el capítulo de la alimentación. Además del líquido, otro aspecto a considerar es el potasio, cuya ingesta suele aumentar en estas fechas. Por otro lado, hay que tener en cuenta que habitualmente en las unidades de diálisis no hay actividad el día 25 de diciembre ni el 1 de enero, por lo que coincidiendo con las cenas y comidas más fuertes, suele transcurrir 3 días entre una diálisis y otra, y no 2 como suele ser habitual, de tal manera que se acumula más potasio, líquido y en general toxinas, con lo que habrá que ser muy cuidadoso.



Como consejos generales, diremos los siguientes:
-    evitar comidas muy ricas en sal, que producirán sed y en consecuencia se acumulará líquido
-    si hay problemas de ácido úrico elevado o gota, podremos probar el marisco, pero evitar comerlo en exceso
-    evitar abusar de frutas tropicales, que son muy ricas en potasio
-    se puede probar el turrón, por supuesto, pero evitar abusar de él, por su contenido en potasio. Por ejemplo, 100 gr de turrón de Jijona (una cantidad apreciable) contiene 292 mg de potasio, frente a los 262 que aportarían 100 gr de melón, por ejemplo (una de las frutas de las que hemos hablado por su contenido en potasio)
-    si se padece diabetes, intentar moderar el consumo de dulces, para evitar subidas en los niveles de azúcar.  En caso de querer consumir turrón o cualquier otro tipo de dulce navideño consultar las recomendaciones de la Fundación para la Diabetes haciendo clik aquí



-    se puede beber algo de alcohol con moderación, pero hay que pensar que todo ello es líquido que estamos introduciendo a nuestro cuerpo y habrá que quitar en la siguiente diálisis, con lo cual hay que pensar que una copa de champán será mejor que dos.

Consejos en diálisis peritoneal

En el caso de diálisis peritoneal serán válidas las mismas recomendaciones que hemos dado anteriormente (quizá se es un poco menos estricto con el tema del líquido, ya que la diálisis en este caso es diaria), a lo que habría que añadir  el consejo de intentar mantener en lo posible los horarios de realización de intercambios manuales y/o conexión y desconexión de la cicladora (máquina que realiza los intercambios mientras dormimos) en la medida de lo posible. No pasará nada porque el día de Nochevieja nos conectemos a las 3 de la mañana en lugar de las 12 de la noche, pero sí es muy recomendable no dejar de dializarnos ningún día


Consejos en personas trasplantadas

En el caso de las personas con un trasplante renal funcionante la dieta se libera mucho, como hemos hablado  en una entrada reciente, y los problemas de líquido y potasio desaparecen. Sin embargo, frecuentemente y como efecto secundario de la medicación inmunosupresora los niveles de colesterol, triglicéridos y glucosa pueden estar elevados, por lo que se recomienda no abusar de comidas muy grasientas ni muy dulces.
Otro aspecto a tener en cuenta es el de la medicación. No dejar nunca de tomarse ninguna pastilla, en particular los inmunosupresores que protegen frente a un posible rechazo. Aunque estemos fuera de casa, cenando fuera o de vacaciones, las pastillas deben ir siempre con nosotros y tomarlas a las mismas horas. Por ejemplo, si nos hemos ido a celebrar la Nochevieja y llegamos al casa, tomarnos el inmunosupresor que nos corresponda a las 9 de la mañana y después acostarnos.




A los lectores del blog, les deseo que disfruten de estas fiestas,  que el año próximo les traiga los mejores deseos y sobre todo SALUD y mucho ÁNIMO para todos aquellos que tienen una enfermedad renal

martes, 9 de diciembre de 2014

¿Tiene alguna repercusión ganar mucho peso tras recibir un trasplante renal?


Para muchas personas con insuficiencia renal recibir un trasplante renal es un momento de gran alegría y nerviosismo a la vez. Incertidumbre y ansiedad en los primeros momentos, pero una vez transcurrida la operación y a medida que el nuevo riñón empieza a funcionar, alegría intensa por el hecho de ver como  poco a poco se van recuperando aquellas sensaciones que se habían perdido: volver a orinar en cantidades grandes, no depender de la diálisis, y progresivamente comer aquellas alimentos que estaban prohibidos.



Sin embrago, ahora llegará la etapa más difícil e importante: cuidar, incluso diría, mimar el nuevo riñón que nos acaban de implantar, para que dure el mayor tiempo posible funcionando de la mejor manera. Y, en este sentido uno de los principales problemas que pueden surgir es el de la ganancia de peso excesiva, en el que influyen muchos factores, como veremos a continuación, pero cuyas consecuencias negativas sobre el funcionamiento del riñón y otros órganos de nuestro cuerpo son bien conocidas

¿Por qué se gana peso tras el trasplante renal?

Lo primero que hay que decir es que se trata de una situación frecuente en las personas que acaban de recibir un nuevo riñón. En un estudio efectuado en el Hospital Virgen de la Salud (Toledo)  el 93% de los pacientes trasplantados habían ganado peso durante el primer año tras la operación, siendo mayor el incremento en los meses iniciales y especialmente significativo en personas jóvenes. La media de aumento de peso fue de más de 7 kg.

En cuanto a las causas que favorecen el incremento de masa, se encuentran:
1)    el tratamiento con  inmunosupresores (medicamentos que se dan para evitar el rechazo del nuevo riñón), en particular los corticoides, uno de cuyos efectos secundarios es el aumento de apetito y la acumulación de grasas. Como en las primeras semanas las dosis de estos fármacos son altas, el aumento de peso es mayor en esta fase inicial
2)    la sensación de libertad al tener una dieta mucho más libre. En diálisis la alimentación es muy restrictiva, pudiendo comer poca variedad de productos. Tras el trasplante, se libera mucho la dieta, con lo que muchas personas tienen unas ganas tremendas de comer todo aquello que antes les tenían prohibido


3)    para muchos  enfermos renales el trasplante supone un cambio emocional muy importante, que puede variar  desde la euforia a la depresión o ansiedad... Todo ello puede traducirse en desarreglos en la cantidad de comida, con ingestas a veces compulsivas.
4)    en las primeras semanas y meses del trasplante la actividad física está muy reducida, al tener todavía las molestias propias de la operación y el miedo (lógico) a hacer algo que pueda perjudicar al riñón. De esa manera se queman menos calorías y, por tanto, es más fácil ganar peso
                   
                                                 

¿Qué consecuencias negativas implica coger mucho peso en trasplantados renales?

Todos los estudios realizados sobre este tema coinciden en que el sobrepeso excesivo es un factor importante que puede condicionar una mala evolución del nuevo riñón. ¿Por qué? Pues, porque estamos provocando una sobrecarga de trabajo en este nuevo órgano. 
Otra consecuencia negativa es que en personas que incrementan mucho su peso es mucho más frecuente la aparición de diabetes tras el trasplante, aunque no se fuera diabético anteriormente, con las consecuencias negativas derivadas de ello. Asimismo, el sobrepeso, está relacionado con la aparición o empeoramiento si ya existía antes, de hipertensión arterial y de cifras elevadas de colesterol y triglicéridos. Todo ello además favorece el desarrollo de problemas de corazón como infartos o anginas de pecho, y de alteraciones en la circulación de las arterias, pudiendo aumentar también el riesgo de infartos cerebrales. Parece, pues, que no se deriva nada bueno del sobrepeso.


¿Qué se puede realizar para evitar el sobrepeso?

Lo primero será estar concienzados de ello y, aquí será fundamental la labor del personal sanitario que atiende a la persona trasplantada. ¡Hay que cuidar el nuevo riñón desde el primer día!
La dieta es el pilar fundamental para evitar el incremento de peso. Debe individualizarse y adaptarse a cada fase de evolución del proceso (no es igual el día después de operarse que a los 5 meses) Como recomendaciones generales:
-    las proteínas deben ingerirse en cantidad similar a la población general, 0,8 mg/kg/día
-   aumentar el consumo de fibra, cuyo aporte calórico es bajo, pero aumentan la sensación de saciedad
-  disminuir el consumo de azúcares simples (el azúcar que echamos al café por ejemplo) y proporcionalmente tomar más hidratos de carbono complejos, como por ejemplo patatas, arroz, pasta. Evitar todos los dulces de origen industrial
-    si se puede por las cifras de potasio, aumentar el consumo de frutas y verduras en lo posible
-    no consumir muchas grasas, en particular evitar las de origen animal o industrial
-    evitar precocinados o platos elaborados por el alto contenido en sal, conservantes, y grasas
-    disminuir el consumo de sal, especialmente si la tensión arterial está elevada


El otro pilar del tratamiento para combatir la obesidad en el postrasplante será el ejercicio físico. Evidentemente, al principio no podremos hacer nada (por las molestias de la cirugía, la cicatriz de la operación...), pero poco a poco se puede comenzar a realizar alguna actividad suave, como andar, nadar, correr o montar en bicicleta. Será fundamental evitar golpes en la zona del trasplante, con lo que se desaconsejan ejercicios como el boxeo o las artes marciales, especialmente en  los meses inmediatos a la operación.


El cuidar un riñón trasplantado es tarea compartida entre el personal sanitario y la persona que lo reciba, ¡hagamoslo entre todos para que ese nuevo habitante de nuestro cuerpo que ha donado con toda la generosidad del mundo, una familia destrozada por la muerte de un ser querido nos dure el mayor tiempo posible!   

Algunos enlaces interesantes sobre este tema

-    blog de Ana Hidalgo, con una entrada sobre este asunto (enlace)
-    blog del Hospital de Cruces (Bilbao), donde dedican una entrada a consejos nutricionales en esta etapa (enlace)

-    una muy buena revisión en la revista Actividad Dietética (enlace)

viernes, 5 de diciembre de 2014

Las dietas hiperproteicas y la insuficiencia renal


En los últimos años han proliferado multitud de dietas ricas en proteínas, bien para perder peso, o  con el fin de aumentar masa muscular entre personas jóvenes que acuden a gimnasios con este fin. ¿Son inocuoas estas prácticas?. ¿Tienen algún riesgo en situaciones de insuficiencia renal?. ¿Pueden en casos extremos dañar el riñón y provocar insuficiencia renal?. En las siguientes lineas hablaremos de ello




¿Cómo actúan las dietas hiperproteicas?

El mecanismo por el que actúan estas dietas es el siguiente: al aumentar de manera importante el consumo de proteínas, proporcionalmente disminuye el de grasas, de tal manera que tras unas semanas  se consigue ir reduciendo la cantidad de tejido adiposo (grasa) que contiene nuestro organismo, y de esta forma se disminuye peso.

Por otro lado, al aumentar la cantidad de proteínas, se consigue como otro efecto aumentar la masa muscular, con lo que se logra de manera relativamente rápida el efecto buscado por tantas personas: perder peso y ganar músculo.

¿Qué pasa en  en los riñones?

Al haber una mayor ingesta de proteínas, también se producirá un mayor metabolismo de las mismas, es decir, el organismo echará mano de ellas como combustible para obtener energía. Como consecuencia, en el hígado se producirá mayor cantidad de urea, que es el producto final de deshecho de las proteínas. Esta urea se elimina por los riñones, con lo que el efecto final es que estamos sobrecargandolos, provocando que trabajen más. En personas que ya tienen algún grado de insuficiencia renal, aunque sea leve, este hecho puede ser muy perjudicial, y de hecho, una de las recomendaciones que se efectúan en casos de enfermedad renal moderada o avanzada es justamente la contraria: realizar una dieta pobre en proteínas, para tratar de proteger el riñón enfermo. Por tanto, en casos de insuficiencia renal puede ser bastante peligroso seguir una dieta de este tipo



¿Se puede dañar un riñón sano por un exceso de proteínas?

Éste es un tema controvertido, algunos autores sostienen que no existe problema alguno, mientras que otros trabajos realizados en ratas sanas han encontrado un aumento en el tamaño de los riñones de aproximadamente un 30% tras someterlas a una dieta hiperproteica, con lo que algún efecto debe haber. En nuestro caso, hemos encontrado algunos chicos jóvenes que acudían a gimnasio y tomaban gran cantidad de suplementos proteicos y presentaban algunas alteraciones en las analíticas de riñón. Afortunadamente, se resolvieron tras suspender dichas prácticas.
Como consejo, me parece correcto la expuesta en un artículo sobre este tema en la Revista Andaluza de Medicina del Deporte donde se comenta que todos los individuos deben analizarse sus niveles de urea, creatinina y pérdida de proteínas en orina, antes de comenzar con alguna dieta hiperproteica. Añadiría, además, que si se inicia, deben seguirse por un profesional estos parámetros de funcionamiento renal y en caso de cualquier mínima alteración de ellos, suspender la dieta.



¿Pueden afectarse otros órganos por las dietas ricas en proteínas?

Según algunos autores también el hueso podría afectarse, al producirse una mayor fragilidad ósea, con riesgo de fracturas. Este es un tema controvertido aún, pero que hace que personas con osteoporosis ( pérdida de masa ósea) tengan que tener mucho cuidado si deciden seguir una dieta hiperproteica. En cualquier caso, siempre se recomienda tomar más calcio si se decide aumentar la toma de proteínas.



En conclusión
1)    se desaconsejan dietas hiperproteicas si hay cualquier tipo de afectación renal, mucho más si la enfermedad está avanzada
2)    en personas sanas, no queda claro si puede haber un daño a largo plazo. Si se decide hacerlo, comprobar siempre que los análisis de riñón están totalmente normales
3)    en casos  de osteoporosis severa, no se aconsejan estas dietas


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