martes, 9 de diciembre de 2014

¿Tiene alguna repercusión ganar mucho peso tras recibir un trasplante renal?


Para muchas personas con insuficiencia renal recibir un trasplante renal es un momento de gran alegría y nerviosismo a la vez. Incertidumbre y ansiedad en los primeros momentos, pero una vez transcurrida la operación y a medida que el nuevo riñón empieza a funcionar, alegría intensa por el hecho de ver como  poco a poco se van recuperando aquellas sensaciones que se habían perdido: volver a orinar en cantidades grandes, no depender de la diálisis, y progresivamente comer aquellas alimentos que estaban prohibidos.



Sin embrago, ahora llegará la etapa más difícil e importante: cuidar, incluso diría, mimar el nuevo riñón que nos acaban de implantar, para que dure el mayor tiempo posible funcionando de la mejor manera. Y, en este sentido uno de los principales problemas que pueden surgir es el de la ganancia de peso excesiva, en el que influyen muchos factores, como veremos a continuación, pero cuyas consecuencias negativas sobre el funcionamiento del riñón y otros órganos de nuestro cuerpo son bien conocidas

¿Por qué se gana peso tras el trasplante renal?

Lo primero que hay que decir es que se trata de una situación frecuente en las personas que acaban de recibir un nuevo riñón. En un estudio efectuado en el Hospital Virgen de la Salud (Toledo)  el 93% de los pacientes trasplantados habían ganado peso durante el primer año tras la operación, siendo mayor el incremento en los meses iniciales y especialmente significativo en personas jóvenes. La media de aumento de peso fue de más de 7 kg.

En cuanto a las causas que favorecen el incremento de masa, se encuentran:
1)    el tratamiento con  inmunosupresores (medicamentos que se dan para evitar el rechazo del nuevo riñón), en particular los corticoides, uno de cuyos efectos secundarios es el aumento de apetito y la acumulación de grasas. Como en las primeras semanas las dosis de estos fármacos son altas, el aumento de peso es mayor en esta fase inicial
2)    la sensación de libertad al tener una dieta mucho más libre. En diálisis la alimentación es muy restrictiva, pudiendo comer poca variedad de productos. Tras el trasplante, se libera mucho la dieta, con lo que muchas personas tienen unas ganas tremendas de comer todo aquello que antes les tenían prohibido


3)    para muchos  enfermos renales el trasplante supone un cambio emocional muy importante, que puede variar  desde la euforia a la depresión o ansiedad... Todo ello puede traducirse en desarreglos en la cantidad de comida, con ingestas a veces compulsivas.
4)    en las primeras semanas y meses del trasplante la actividad física está muy reducida, al tener todavía las molestias propias de la operación y el miedo (lógico) a hacer algo que pueda perjudicar al riñón. De esa manera se queman menos calorías y, por tanto, es más fácil ganar peso
                   
                                                 

¿Qué consecuencias negativas implica coger mucho peso en trasplantados renales?

Todos los estudios realizados sobre este tema coinciden en que el sobrepeso excesivo es un factor importante que puede condicionar una mala evolución del nuevo riñón. ¿Por qué? Pues, porque estamos provocando una sobrecarga de trabajo en este nuevo órgano. 
Otra consecuencia negativa es que en personas que incrementan mucho su peso es mucho más frecuente la aparición de diabetes tras el trasplante, aunque no se fuera diabético anteriormente, con las consecuencias negativas derivadas de ello. Asimismo, el sobrepeso, está relacionado con la aparición o empeoramiento si ya existía antes, de hipertensión arterial y de cifras elevadas de colesterol y triglicéridos. Todo ello además favorece el desarrollo de problemas de corazón como infartos o anginas de pecho, y de alteraciones en la circulación de las arterias, pudiendo aumentar también el riesgo de infartos cerebrales. Parece, pues, que no se deriva nada bueno del sobrepeso.


¿Qué se puede realizar para evitar el sobrepeso?

Lo primero será estar concienzados de ello y, aquí será fundamental la labor del personal sanitario que atiende a la persona trasplantada. ¡Hay que cuidar el nuevo riñón desde el primer día!
La dieta es el pilar fundamental para evitar el incremento de peso. Debe individualizarse y adaptarse a cada fase de evolución del proceso (no es igual el día después de operarse que a los 5 meses) Como recomendaciones generales:
-    las proteínas deben ingerirse en cantidad similar a la población general, 0,8 mg/kg/día
-   aumentar el consumo de fibra, cuyo aporte calórico es bajo, pero aumentan la sensación de saciedad
-  disminuir el consumo de azúcares simples (el azúcar que echamos al café por ejemplo) y proporcionalmente tomar más hidratos de carbono complejos, como por ejemplo patatas, arroz, pasta. Evitar todos los dulces de origen industrial
-    si se puede por las cifras de potasio, aumentar el consumo de frutas y verduras en lo posible
-    no consumir muchas grasas, en particular evitar las de origen animal o industrial
-    evitar precocinados o platos elaborados por el alto contenido en sal, conservantes, y grasas
-    disminuir el consumo de sal, especialmente si la tensión arterial está elevada


El otro pilar del tratamiento para combatir la obesidad en el postrasplante será el ejercicio físico. Evidentemente, al principio no podremos hacer nada (por las molestias de la cirugía, la cicatriz de la operación...), pero poco a poco se puede comenzar a realizar alguna actividad suave, como andar, nadar, correr o montar en bicicleta. Será fundamental evitar golpes en la zona del trasplante, con lo que se desaconsejan ejercicios como el boxeo o las artes marciales, especialmente en  los meses inmediatos a la operación.


El cuidar un riñón trasplantado es tarea compartida entre el personal sanitario y la persona que lo reciba, ¡hagamoslo entre todos para que ese nuevo habitante de nuestro cuerpo que ha donado con toda la generosidad del mundo, una familia destrozada por la muerte de un ser querido nos dure el mayor tiempo posible!   

Algunos enlaces interesantes sobre este tema

-    blog de Ana Hidalgo, con una entrada sobre este asunto (enlace)
-    blog del Hospital de Cruces (Bilbao), donde dedican una entrada a consejos nutricionales en esta etapa (enlace)

-    una muy buena revisión en la revista Actividad Dietética (enlace)

viernes, 5 de diciembre de 2014

Las dietas hiperproteicas y la insuficiencia renal


En los últimos años han proliferado multitud de dietas ricas en proteínas, bien para perder peso, o  con el fin de aumentar masa muscular entre personas jóvenes que acuden a gimnasios con este fin. ¿Son inocuoas estas prácticas?. ¿Tienen algún riesgo en situaciones de insuficiencia renal?. ¿Pueden en casos extremos dañar el riñón y provocar insuficiencia renal?. En las siguientes lineas hablaremos de ello




¿Cómo actúan las dietas hiperproteicas?

El mecanismo por el que actúan estas dietas es el siguiente: al aumentar de manera importante el consumo de proteínas, proporcionalmente disminuye el de grasas, de tal manera que tras unas semanas  se consigue ir reduciendo la cantidad de tejido adiposo (grasa) que contiene nuestro organismo, y de esta forma se disminuye peso.

Por otro lado, al aumentar la cantidad de proteínas, se consigue como otro efecto aumentar la masa muscular, con lo que se logra de manera relativamente rápida el efecto buscado por tantas personas: perder peso y ganar músculo.

¿Qué pasa en  en los riñones?

Al haber una mayor ingesta de proteínas, también se producirá un mayor metabolismo de las mismas, es decir, el organismo echará mano de ellas como combustible para obtener energía. Como consecuencia, en el hígado se producirá mayor cantidad de urea, que es el producto final de deshecho de las proteínas. Esta urea se elimina por los riñones, con lo que el efecto final es que estamos sobrecargandolos, provocando que trabajen más. En personas que ya tienen algún grado de insuficiencia renal, aunque sea leve, este hecho puede ser muy perjudicial, y de hecho, una de las recomendaciones que se efectúan en casos de enfermedad renal moderada o avanzada es justamente la contraria: realizar una dieta pobre en proteínas, para tratar de proteger el riñón enfermo. Por tanto, en casos de insuficiencia renal puede ser bastante peligroso seguir una dieta de este tipo



¿Se puede dañar un riñón sano por un exceso de proteínas?

Éste es un tema controvertido, algunos autores sostienen que no existe problema alguno, mientras que otros trabajos realizados en ratas sanas han encontrado un aumento en el tamaño de los riñones de aproximadamente un 30% tras someterlas a una dieta hiperproteica, con lo que algún efecto debe haber. En nuestro caso, hemos encontrado algunos chicos jóvenes que acudían a gimnasio y tomaban gran cantidad de suplementos proteicos y presentaban algunas alteraciones en las analíticas de riñón. Afortunadamente, se resolvieron tras suspender dichas prácticas.
Como consejo, me parece correcto la expuesta en un artículo sobre este tema en la Revista Andaluza de Medicina del Deporte donde se comenta que todos los individuos deben analizarse sus niveles de urea, creatinina y pérdida de proteínas en orina, antes de comenzar con alguna dieta hiperproteica. Añadiría, además, que si se inicia, deben seguirse por un profesional estos parámetros de funcionamiento renal y en caso de cualquier mínima alteración de ellos, suspender la dieta.



¿Pueden afectarse otros órganos por las dietas ricas en proteínas?

Según algunos autores también el hueso podría afectarse, al producirse una mayor fragilidad ósea, con riesgo de fracturas. Este es un tema controvertido aún, pero que hace que personas con osteoporosis ( pérdida de masa ósea) tengan que tener mucho cuidado si deciden seguir una dieta hiperproteica. En cualquier caso, siempre se recomienda tomar más calcio si se decide aumentar la toma de proteínas.



En conclusión
1)    se desaconsejan dietas hiperproteicas si hay cualquier tipo de afectación renal, mucho más si la enfermedad está avanzada
2)    en personas sanas, no queda claro si puede haber un daño a largo plazo. Si se decide hacerlo, comprobar siempre que los análisis de riñón están totalmente normales
3)    en casos  de osteoporosis severa, no se aconsejan estas dietas


jueves, 27 de noviembre de 2014

El molesto picor en las personas con insuficiencia renal crónica avnzada



Uno de los síntomas más frecuentes (y molestos) en las personas que padecen insuficiencia renal crónica ( especialmente en fases avanzadas) es el picor. Según algunos estudios más del 50% de los enfermos que acuden habitualmente a diálisis presentan este molesto síntoma, con lo que no estamos hablando de una situación en absoluto excepcional. Sin embargo, las soluciones para este problema son escasas y es frecuente que en muchos casos se convierta en un problema crónico. En la siguiente entrada hablaremos un poco de ello


Sobre el prurito en diálisis

El picor excesivo asociado a insuficiencia renal se conoce técnicamente como prurito urémico. Suele afectar de forma característica a la espalda ( lo más frecuente ), abdomen o cabeza. Es menos frecuente que afecte a brazos y piernas. Además suele empeorar por la noche, con lo que el descanso de estas personas se ve seriamente afectado. A veces es tan intenso, que llegan a observarse lesiones por rascado en zonas de la piel ( muy frecuentes en la espalda) lo que nos puede hacer una idea de lo desesperante que puede ser en algunos casos.
Las causas por las que se produce no están claras y es probable que haya varios mecanismos que lo producen. Entre los más frecuentes se encuentran:
-    un nivel de fósforo muy elevado en sangre, bien por una dieta inadecuada o por una eliminación inadecuada por la diálisis


-    una diálisis inadecuada, que hace que se acumulan toxinas como la urea. Este caso tiene relativa fácil solución, ya que si se incrementa alguno de los parámetros de diálisis, como por ejemplo el tiempo que se está conectado a la máquina se puede corregir el problema, al eliminarse mayor cantidad de tóxicos



-    valores incrementados de calcio, que si asocian con un nivel elevado de fósforo, pueden hacer el picor muy intenso. Se puede mejorar con una combinación de dieta adecuada, mediación para disminuir esos niveles y modificación de algunos parámetros en la diálisis.
-    sin embargo, hay casos en que todo lo anterior es normal y la persona padece un intenso picor. En estas situaciones difíciles no está claro el mecanismo que causa el prurito, pueden estar involucradas algunas sustancias de nuestro sistema inmunológico ( aunque no es exactamente el mecanismo similar, pero para entendernos serían las que intervienen en las reacciones de urticaria que nos produce el contacto con una planta de ortigas). También, puede haber algunos trastornos en los pequeños nervios y en algunas sustancias denominadas neurotransmisores, que intervienen en la conducción del impulso nervioso. En definitiva, no parece claro el mecanismo, por lo cual el tratamiento tampoco será muy específico, sino sólo para mejorar los síntomas

¿Qué se puede hacer para aliviar el prurito urémico?

En primer lugar, habrá que investigar si existe alguna causa fácilmente tratable, como hemos visto en el apartado anterior, entre las que puede estar: aumento de calcio, fósforo, o diálisis insuficiente. Si todos estos parámetros están correctos, y no hay ninguna otra causa aparente, como , por ejemplo un trastorno previo en la piel que produzca picor, habrá que pasar al tratamiento general de esta molesta situación. Entre las medidas más eficaces están:
-    aplicaciones de crema de capasaicina. Parece ser el tratamiento más eficaz y con menos efectos secundarios, que se limitan a reacciones locales, como enrojecimiento discreto



-    aplicación de loción de pramoxina. Es también eficaz en la disminución de la intensidad del picor
-    cremas de ácido gamma-linoleico. También parace haber sido eficaz en disminuir la intensidad del picor en diálisis
-    cremas de tacrolimus y esteroides. En algunos trabajos parace haber algún resultado beneficioso, pero en otros no., es decir  presentan resultados contradictorios.
-    aplicaciones de radiación ultravioleta. Son efectivas en disminución la intensidad del picor, pero no está claro su posible efecto en la aparición posterior de cánceres de piel, por lo que en general, no se recomiendan.
-    tratamientos con pastillas de antihistaminicos , como por ejemplo, Polaramine. Durante mucho tiempo, ha sido el tratamiento más empleado aunque su eficacia es discutible.
- en los últimos tiempos, se eran empleando algunas sustancias que interfieren sobre los neurotransmisores, como por ejemplo Naltreoxona, Gabapentina... Hay que ser muy cuidadoso con la administración de esta medicación, por sus posibles efectos secundarios al actuar sobre sustancias que intervienen en la conducción del impulso nervioso a través de los nervios.

Y, como consejo final, a las personas aquejadas de este problema: mucha paciencia, ya que se trata de un trastorno para el que en ocasiones hay que probar distintos tratamientos hasta dar con uno que consiga aliviar los síntomas. Ojalá en un futuro la ciencia pueda depararnos mejores productos con el que aliviar este molesto síntoma que aqueja a muchas personas con insuficiencia renal avanzada.



miércoles, 29 de octubre de 2014

Algunos trucos para ayudar a controlar la sed en diálisis


Recientemente en la plataforma de ayuda a enfermos renales  Renalhelp  hemos respondido una pregunta sobre el consumo de agua en diálisis (se puede consultar aquí ). Es éste uno de los problemas más frecuentes en las personas que acuden a dializarse: pasan sed y como consecuencia de ello,  al no orinar acumulan líquido de una diálisis a otra, que puede acabar ocasionando hinchazón de piernas, acúmulo en el pulmón, produciendo ahogo, es decir una situación que potencialmente puede ser grave, como ya hemos comentado en otra entrada de este blog. Ahora bien,¿se puede hacer algo para evitar esta situación? . A continuación, trataremos de dar algunos trucos y consejos.




No en todos los casos es igual

Lo primero que hay que comentar es que no todos los casos son iguales, y si una persona orina aún cantidades significativas la restricción de líquido va a ser mucho menor que en otros caso donde la cantidad de orina sea nula o muy escasa. Como norma general, se podrá tomar el volumen de orina diario y unos 600-700 cc más. Por ejemplo, si una persona orina al día, 1000cc, podrá tomar hasta unos  1600 cc de líquido aproximadamente.
Hay que tener en cuenta que no estamos hablando sólo del agua que bebemos, sino además hay que sumar el líquido de la fruta, las sopas, el café con leche, las infusiones...., con lo cual en una persona que no orine nada, ciertamente la restricción debe ser importante, ¿cómo lograrlo?. Veremos ahora algunos consejos


Restringir al máximo la sal

Es ésta la medida más eficaz, ya que la sensación de sed viene dada por la sal que ingiramos. Hagamos una prueba: tomemos una gran cantidad,por ejemplo, de anchoas en conserva. Inmediatamente iremos a beber un vaso de agua.



Lo que está pasando es que la concentración de sodio en nuestro cuerpo se está alterando ya que estamos introduciendo sal (cuyo componente es cloruro sódico). Para volver a la concentración anterior hay que diluir el exceso de sodio,  para ello se desencadena el reflejo de la sed y acabamos bebiendo agua, como ya hemos comentado en otra entrada de este blog. Es como lo que sucede si por error echamos mucho azúcar a nuestra taza de leche, ¿que hacemos para que no nos sepa dulce? Echar más leche, es decir diluirla.
En un riñón sano  se eliminaría el exceso de sal y agua que hemos tomado para paliar la sed y tras un tiempo se volvería a la normalidad, pero en las personas en diálisis este mecanismo no funciona, por lo que se acaba acumulando el exceso de sal y líquido, produciendo los problemas que hemos mencionado al principio. ¿Cómo envitarlo? No tomar sal, no habrá sed y no beberemos líquido


Controlar el azúcar

En personas con diabetes mellitus los niveles de azúcar elevados producen mucha sed, por un mecanismo parecido al de la sal, es decir, para diluir el exceso de azúcar. De hecho el diagnóstico de muchos casos de diabetes es por sed intensa y orinas muy abundantes.
En el caso de diálisis, al igual que sucede con la sal, el líquido no se elimina ( o se hace en baja cantidad ), por lo que tiende a acumularse, con los consabidos problemas ya señalados.



Otros consejos y trucos efectivos

Si a pesar de tener los niveles de azúcar controlados y no tomar sal, tenemos mucha sed hay algunos trucos para evitar tomar gran cantidad de líquido, como por ejemplo:

-   realizar enjuagues bucales cuando tengamos sed y no tragarlos. De esta forma, lograremos refrescar la boca y disminuir la sensación de sed
-    usar chicles sin azúcar, para estimular la producción de saliva
-    chupar una rodaja de limón, que humedece la boca y estimula la salivación
-    usar cubitos de hielo en pequeñas dosis que refrescan mucho y con los que la cantidad de líquido ingerido es muy escasa. Dejarlo que se deshaga lentamente en la boca
-   evitar bebidas azucaradas de limón o naranja  que lo único que van a hacer es aumentar la sensación de sed, por el mecanismo explicado con el azúcar en el apartado anterior
-    tomar las medicinas con el agua de las comidas, para evitar la toma de líquido adicional con los fármacos

-    congelar un trocito de fruta, como por ejemplo fresas, frambuesas, y dejarlo que se descongele lentamente en la boca, con lo que aumentará la sensación de frescor y humedad
-    también puede ser útil ir chupando lentamente un polo helado o cualquier producto helado siempre que no contenga mucha azúcar
-    y, una medida muy útil es mantenerse activo, ya que al ser en ocasiones  la sed una sensación subjetiva, muchas veces al estar distraídos se nos olvidará  que nos han restringido el tomar líquido ( no hay cosa que más nos apetezca a las personas que lo prohibido).



Para terminar, quiero agradecer al personal de enfermería de diálisis del Hospital de Segovia, y muy en particular a Carmen Gutiérrez su inestimable ayuda para la elaboración de esta entrada del blog

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